Cuando en los primeros días del año 2006 se anunciaba un expediente de regulación de empleo en la planta de LEAR sonaron las sirenas de alarma. A este expediente le siguió otro, y ahora hemos llegado al definitivo. Esta situación, en realidad no pilló por sorpresa a ciertos sectores de la sociedad abulense, que ya podían entrever desde hacia un tiempo por dónde se estaba encauzando la situación.
Resultaron sorprendentes las declaraciones que por aquellas primeras fechas vertieron algunos destacados mandatarios, tanto del Ayuntamiento de Ávila, como de la Junta de Castilla y León, tratando de "tranquilizar a la opinión publica", tildando de catastrofistas a quienes auguraban el desenlace de la situación y haciendo caso omiso de las recomendaciones y peticiones de transparencia que desde muchos sectores les hicimos llegar.
Decía el alcalde de Ávila, cuando se anunciaba el segundo ERE, que "pedía perdón", porque, según el, la empresa le engañó cuando le prometió que no plantearía ningún nuevo ERE. ¿Pero qué clase de alcalde se deja engañar por los directivos de una multinacional? ¿Qué asesores tienen tanto el Ayuntamiento de Ávila como la Junta de Castilla y León para no darse cuenta de que la finalidad era el cierre de la planta? ¿Cómo no se dieron cuenta de algo que los propios trabajadores ya sabían?
Se podría disculpar estos errores, pues sabemos (ya que los hechos lo demuestran) que los últimos equipos de gobierno no han tenido en cuenta para nada el desarrollo industrial de nuestra ciudad, y claro, cuando no se sabe de algo, es lógico que a uno le engañen. Pero no cabe el perdón en este caso, por una sencilla razón. Porque es imperdonable que el equipo de gobierno municipal haya hecho una gestión tan lamentable, que tiene como consecuencia inmediata el cierre de uno de los motores económicos de Ávila y provincia. También porque es imperdonable que una empresa que contó con 1.600 trabajadores vaya a echar el cierre en menos de dos años y porque es lamentable la situación en que van a quedar dichos trabajadores.
Mientras, José Francisco Herrero, el entonces teniente de alcalde de Empleo, decía el día 31 de enero de 2006 que "la Administración Local se ha comprometido con LEAR para garantizar su continuidad en Ávila".
La pregunta es ¿mentía o, como el alcalde, es un ignorante en materia industrial? ¿También a él lo engañaron? A fecha de hoy, Hernández Herrero es el portavoz del equipo de gobierno, pero por dignidad política podría haberse planteado su dimisión hace bastante tiempo. Nunca es tarde.
La realidad es que ahora nos enfrentamos a un serio problema. Quizás el Ayuntamiento podría haber hecho bastante más en esta crisis; quizás el consejero Tomás Villanueva podría haber puesto a trabajar a alguien en todo este asunto. Pero es mejor no hacer demagogia. Cuando una multinacional decide la deslocalización de una factoría de una manera firme poco se puede hacer. Pero por lo que sí pueden exigirse responsabilidades es por la nefasta política industrial que ha llevado a efecto el equipo de gobierno.
Si cuando se advirtió de la necesidad de crear empresas fuertes, de diversificar el tejido industrial de Ávila y de la necesidad de dar mayor impulso al polígono de Vicolozano (ejemplo de especulación), éste hubiese escuchado, ahora mismo estaríamos hablando de un escenario distinto del mercado laboral de Ávila.
Las grandes empresas son necesarias para dar estabilidad, calidad y seguridad en el empleo. En definitiva para que los jóvenes abulenses podamos encarar nuestro futuro con optimismo sin tener que abandonar nuestra ciudad.
Señores del Ayuntamiento y de la Junta de Castilla y León, apuesten por quedarse en propiedad los activos de la empresa y ofrézcanselos a empresas fuertes, si es necesario cédanlos. Apuesten por la creación de un parque tecnológico, confiamos en que no todo sean promesas sin cumplir. Y sobre todo no pongan trabas a las empresas que se quieran instalar a nuestra ciudad.
Quiero por último mostrar todo mi apoyo a los trabajadores que han salido y a los que todavía pertenecen a la plantilla. Ellos pagan por una situación de la que no tienen culpa. De nuevo, la cuerda se volvió a romper por el extremo mas débil. Mientras ellos piensan en como saldrán adelante, el Sr. Alcalde, el Sr. Herrero y tantos otros continuaran cómodamente sentados en el sillón que les otorgó la soberanía popular.